<<
Capítulo anterior
-
Imprimación
La
imprimación es una parte fundamental del proceso, de ella
depende la calidad del resultado final del producto, especialmente
en aquellas carrocerías defectuosas o de materiales como
la resina que pueden presentar poros o imperfecciones y que requieren
de nuestra mano para conseguir un resultado perfecto.

La
imprimación aunque no es propiamente una pintura la trataremos
como una pintura especial que pretende conseguir dos objetivos
básicos:
Por
un lado facilitarnos el pintado, ya que nos otorgará una
base ligeramente rugosa y de color neutro en la que la pintura
posterior se adherirá con mayor facilidad y no presentará
tonalidades no deseadas debido a los colores anteriores a la imprimación
que en caso de ser oscuros nos oblogarían a aplicar una
cantidad enorme de capas para conseguir nuestro nuevo color de
forma homogénea.
Y
por otra parte la imprimación tiene la importante misión
de resaltar las imperfecciones de la carrocería, aquellos
arañazos que nos han pasado desapercibidos, pequeños
golpes que apenas se podían apreciar, o partes modificadas
o reparadas de forma incorrecta. La imprimación nos resaltará
todos estos defectos permitiéndonos su corrección,
con masilla o con lija de agua (ver primera parte del artículo).
En la siguiente foto podemos observar en los bajos del guardabarros
y del lateral y en los faros de la foto anterior pequeñas
correcciones realizadas sobre una base imprimada.

Existen
diversos colores de imprimación, rojo, naranja, negro...
cada uno de ellos indicado para un determinado tipo de terminación.
Para nuestro caso y teniendo en cuenta su mayor popularidad, usaremos
imprimación en spray de color gris para colores oscuros
y blanca para colores claros o de mucho brillo.
En
primer lugar debemos acondicionar el lugar donde vamos a realizar
nuestra decoración, para ello existen distintas alternativas.
Hay quién opta por construirse una "cabina de pintura",
que no es más que una caja de madera de tamaño adecuado
para poder trabajar con las manos dentro, con un soporte central
donde apoyar la carrocería, una bombilla para iluminarnos
y un agujero al que conectar un aspirador o ventilador que absorva
o expulse la nube de pintura que levantaremos. Precisamente por
esta nube y por su dificultad de aspiración no soy muy
partidario de las cabinas de pintura. Veamos algo más sencillo
como es el papel de periódico. Nos situaremos en un lugar
ventilado pero sin corrientes de aire en el que no importe mucho
si dejamos alguna huella, como puede ser un garaje, un patio o
un balcón. Previamente barremos y limpiamos un poco el
lugar, aunque parezca limpio nuestro enemigo es la omnipresente
mota de polvo. Cubrimos la mesa de trabajo, el suelo o el utensilio
que nos ayude a apoyar la carrocería con un generoso radio
de papel periódico y pulverizamos agua en un radio mayor
si cabe, para aposentar el posible polvo. Podemos utilizar como
pulverizador una botella de limpiacristales vacía, un frasco
de colonia, etc. Pulverizamos incluso unas cuantas veces al aire
y nos proveemos de algunas bolsas de plástico que usaremos
a modo de guante de trabajo. Por su cantidad de uso, lo más
práctico y rápido acabará siendo la bolsa
de plástico... Seguidamente buscamos cinta adhesiva, a
poder ser de doble cara y nos dirigimos al frigorífico.
Cogemos una botella de cerveza bien fría, o en su defecto
un refresco de botella, lo abrimos, nos guardamos el tapón
y nos tomamos tranquilamente su contenido mientras repasamos mentalmente
el proceso realizado y lo que nos queda por hacer. Manos a la
obra. Botella vacía, le colocamos el tapón y ponemos
un poco de cinta adhesiva en el susodicho, de forma que en la
parte superior podamos pegar la carrocería por el interior,
de manera que quede bien sujeta y podamos manipularla sin peligro
de que se nos caiga. Nos colocamos la bolsa en una mano y sujetamos
la botella con la carrocería pegada, con la otra mano agitamos
un par de minutos largos el bote de imprimación de forma
enérgica y boca abajo y nos disponemos a aplicar la imprimación.

La
imprimación debemos aplicarla de forma ligeramente distinta
a la pintura, tenemos en cuenta que seca bastante más rápido
que la pintura, por lo que nos interesará aplicar una capa
fina para que seque en cinco o diez minutos y poder observar las
correcciones a realizar, o bien proseguir con el proceso de pintado.
La capa de imprimación la aplicaremos pulverizando el spray
sobre la carrocería en pasadas firmes y decididas, empezando
a pulverizar siempre antes de llegar a la carrocería y
terminando la pasada después de la misma, esto nos evitará
desagradables sorpresas como pueden ser grumos, gotas o burbujas
debido a que cuando pulsamos el pulverizador aplicamos la fuerza
de forma progresiva, por muy rápido que presionemos. Además
la cánula suele presentar restos de material seco o de
distinta densidad e incluso color que normalmente saldrán
despedidas de forma irregular hacia el exterior, lo que podría
retrasarnos el proceso y obligarnos incluso a decapar de nuevo.
Ya
sabemos lo que es y como se aplica la imprimación, llegados
a este punto, y sirva para presentar el próximo capítulo,
debemos prestar atención a la cromática que vestirá
nuestro modelo, dicho de otra forma, debemos valorar la dificultad
de la decoración que vamos a realizar. Desde este tutorial
intentaré tocar los niveles de dificultad más frecuentes
y que estén al alcance del aficionado, veremos decoraciones
de un solo color, decoraciones con varios colores, decoraciones
con lineas rectas, dobles paralelas, curvas o asimétricas,
degradados, técnicas de acabados y pintado de detalles,
creación colocación de adhesivos y calcomanías,
etc... (como dije en el capítulo anterior no tengo un esquema
definido, voy escribiendo conforme voy decorando, cámara
en mano, y recopilando material según las decoraciones
que voy realizando). En cambio no veremos técnicas más
sofisticadas como dobles degradados, tampografías o creación
de tonos personalizados por ser técnicas profesionales
que requieren sustanciales inversiones en material y gran destreza
manual.
Albert
Jobal.